31 oct. 2012

La Oveja Negra



En un lejano país existió hace muchos años una Oveja Negra.
Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
                                           Augusto Monterroso


1 comentario:

elena clásica dijo...

Querida Helena:

Vuelvo a disfrutar de estas magníficas pinturas que están en lo más alto del poder de la creación, exquisitas en su técnica y en el profundo semblante de la vida que ofrecen.
En este caso, una belleza morena de sentir rojo: su camiseta, sus labios, sensuales, entregados... Pero también unos ojos ocultos, que no pueden contemplar el horizonte. Si los labios se lo quieren devorar, por qué no puede mirar a su alrededor, ¿somos nosotros mismos los que a veces nos ponemos una venda en los ojos, inconscientes?

El texto de Augusto Monterroso, con su habitual talante ambiguo nos abre un mundo de reflexiones sobre la imposibilidad de mirar al mundo en plenitud.

La pintura es una belleza, así como las manos de su creadora nos tienen acostumbrados a hacernos bailar con las imágenes del sueño.

Un abrazo, querida, qué gusto disfrutar de tus creaciones.